No puedes dejar de comprar. Pero, si de acumular

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Nos gusta comprar, nos satisface, nos emociona, nos llena. No queremos dejar de hacerlo. Porque nos encanta renovar nuestro vestuario, cambiar las fundas de los cojines por unas nuevas o sumar nuevos accesorios a nuestro hogar.

Comprar nos llena de sensaciones maravillosas que no queremos dejar de sentir. Probablemente, sería muy aburrida nuestra vida si no dedicáramos tiempo a ir de compras. Otra cosa bien distinta es que compremos la mayoría de las veces con cabeza y no por impulso.

En resumen, dejar de comprar “nos es imposible o casi” en esta sociedad en la que andamos metidos. Porque sustraerse de consumir por el gusto de consumir parece complicado.

Todo esto está muy bien, el problema radica cuando sumamos y no restamos. Te explico a qué me refiero.

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Entre dos planos

Hace unas décadas las cosas se aprovechaban hasta que el objeto no daba más de sí. Porque se rompía, estaba desgastado o deshecho. Era entonces cuando se adquiría uno nuevo. Sin embargo, ahora no esperamos a que esté en malas condiciones para cambiar cualquier cosa.

Está claro que la sociedad consumista nos ha llevado a crearnos continuas necesidades y a comprar con frecuencia.

La cuestión está en que al comprar un objeto X, no nos deshacemos del objeto X anterior o más antiguo. Con lo cual los dos empiezan a convivir, uno se usa (el moderno o más actual), pero el otro queda en desuso. Y pasa a engrosar la categoría de las cosas que aún están en buenas condiciones, pero que hemos dejado de utilizar.

Así que ahí tenemos guardado algo que no se usa, pero que si “usa” espacio. Hace bulto, pero ha perdido su función en nuestras vidas.

Me costó dinero

Deshacerse de algo que está en condiciones óptimas nos parece una barbaridad, aunque se haya dejado de usar y la probabilidad de ser utilizado de nuevo sea bastante remota. Pensar en deshacerte de algo que te costó dinero te parece impensable.

Así que nos situamos entre dos planos, el del consumismo y el del conservadurismo. Compramos, pero no dejamos ir. Porque nos da pena, creemos que podemos necesitarlo más adelante o no sabemos qué hacer con tal cosa.

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Sin espacio

Puedes guardar, claro que sí, el problema viene cuando lo guardado nos va comiendo espacio y entonces nos cuesta la vida mantener las cosas en orden. Si lo piensas bien le damos demasiada importancia a las cosas y no tanto a nosotros mismos.

Cuando tienes pensamientos como:  Lo voy a necesitar, Me da una pena horrorosa darlo o Y si me hace falta más adelante. Estás poniendo en el centro a las cosas, pero te estás olvidando de ti.

 

En equilibrio

Hay una pauta que dice que cada vez que compres algo deberías deshacerte de otra cosa. Es una manera de mantener el equilibrio del espacio que tenemos con el número de cosas que es capaz de guardar. Y con guardar no me refiero a almacenar de cualquier manera, sino de guardar de manera eficiente. Es decir, que tal cosa sea fácil de coger y volver a dejar.

 

¿Quién es más importante?

Si lo piensas bien deberíamos preocuparnos más por no tener trabajo extra o no hacer esfuerzo de más al mantener nuestra casa en orden. Sin embargo es lo que hacemos al guardar por guardar. Cuantas más cosas tenemos más es el trabajo que debemos hacer para tenerlas organizadas.

Cuántas más cosas tenemos más dedicación hay que ponerle para mantener el equilibrio del orden en casa. Perder tiempo y dedicar esfuerzos a cosas que no se utilizan para mí no tiene demasiado sentido. Por lo tanto darle tanta importancia al hecho de guardar cosas innecesarias o en desuso es darte más trabajo en tu día a día.

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Cerrar etapas

Cuando dejas ir cierras etapas, pero muchas veces no queremos cerrarlas y por eso no dejamos ir. No puedes dar esa ropa de bebé, aunque hayas decidido no tener más hijos porque no quieres enfrentarte al hecho de que tu hijo crece y está dejando de ser tu bebé. Y como ésta son muchas las situaciones a las que no nos queremos enfrentar.

La vida está llena de etapas y en cada una tenemos nuevas necesidades, muchas de estas necesidades las cubrimos con cosas. Si guardamos todo lo que hemos necesitado en cada una de ellas tendríamos que comprar un container para almacenarlas.

Saber cerrar etapas es esencial, para que entre la novedad en nuestras vidas. Saber decir adiós nos enseña a avanzar. Tomar decisiones no siempre es sencillo. Por eso la primera decisión que debes tomar es saber donde vas a situar las cosas, en qué orden de prioridad.

Tú eres más importante que ellas, recuerda esto.

 

Dejar ir

Como Organizadora profesional se que este paso cuesta mucho, a algunas personas muchísimo. Porque de alguna manera se sienten culpables de deshacerse de las cosas, les hace sentir mal.

Pero, piensa que si lo donas eso que tú no usas puede ser utilizado por otra persona que no puede permitirse comprárselo continuando su vida útil. En lugar de permanecer guardado y oculto en una caja en el fondo de un altillo o en la esquina de un canapé porque te sientes incapaz de dejarlo ir.

 

Da trabajo

Nos engañamos cuando almacenamos las cosas que hemos dejado de usar con la excusa: “Ahí no me molesta”. Si la almacenas en un altillo te dejará sin sitio para guardar las cosas de la temporada anterior, si la guardas con las cosas que usas habitualmente tendrás que hacer movimientos de más para sacar lo que usas, si la guardas en un trastero se quedará ahí esperando a ser usada porque te has olvidado de que la pusiste ahí.

Cuando las cosas que no se usan conviven con las que sí. Nos están dando trabajo. Piénsalo. Si guardas camisetas que dejaste de usar con las que si usas tendrás que mantener en orden tanto unas como otras. Tendrás que mover unas para coger las otras. Te quitan espacio y te dan trabajo.

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Unas más que otras

Obviamente, hay cosas que cuesta mucho deshacerse de ellas. Pero, hay tantas otras que no y sin embargo las conservamos. Con excusas como por si se vuelve a poner de moda o es tendencia en los próximos años. Mientras tanto siguen comiendo espacio sin hacer otra función.

Deja ir para que el espacio se oxigene, para que las energías se renueven. Deja ir para sentirte más ligera.

Empieza

Por donde sea, por un cajón donde no tengas que pensar mucho si la cosa en cuestión se queda o se va. Entrénate en la toma de decisiones sobre tus cosas, empieza a dejar ir. Puedes hacerlo, tú y yo sabemos que puedes. Libera tu casa de cosas inútiles.

 

Ya sabes dónde me tienes si me necesitas para dejar ir.

Cristina, Decoradora y organizadora de hogares&negocios.

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